El dÃa de la ira

Ilustración de La Biblia de Gustav Doré.
Dies iræ, dies illa,
DÃa de la ira será aquel en que
Solvet sæclum in favilla
el mundo será reducido a cenizas,
Teste David cum Sybilla.
según los oráculos de David y la Sibila.
Quantus tremor est futurus,
¡Grande será el temor cuando
Quando iudex est venturus,
aparezca el justo Juez a pedir
Cuncta stricte discussurus!
cuentas de lo que hemos hecho!
Pues sÃ, parece que el DÃa de la Ira ha llegado, al menos por estos pagos. El artÃculo que escribà sobre Benedicto XVI y que llevaba por tÃtulo Habemus Ratzinger ha desaparecido para siempre, junto a varios comentarios que los amabilÃsimos lectores de este blog me habÃan hecho, tanto en el referido artÃculo como en el anterior dedicado a Edvard Munch.
Parece ser que el justo Juez tomó la forma de simpático cracker (es decir, hacker perverso, destructivo y tocapelotas, y no galletita salada de las que tanto gustan a George W.), reventó ayer por la tarde el servidor de over-blog y mandó al limbo todo lo que se escribió por aquà desde entonces hasta esta misma tarde. Los administradores han tenido que tirar de la base de datos que tenÃan almacenada y eso explica que el blog estuviera como hace un par de dÃas. ¿Castigo divino por haber cuestionado al nuevo vicario de Cristo? Nunca lo sabremos, pero acojona.
Afortunadamente me dio tiempo a leer los atentos comentarios de Nastrud, Hugo, y Stirner (por cierto, les doy la bienvenida a los que escriben por vez primera para dejarme sus impresiones, pues se agradece ver que alguien lee los delirios de uno), aunque no pude responderles pues ya existÃan problemas en el blog que me impedÃan escribir. Me comentaba Stirner, sobre los fundamentos teóricos del poder papal, que recordaba haber estudiado durante la carrera el proceso de la mano de Walter Ullmann. Precisamente, a pesar de ser un fenómeno muy estudiado por los medievalistas por sus hondas consecuencias y de existir una vastÃsima cantidad de páginas al respecto, creo que los que mejor supieron explicar el asunto fueron tanto Ullmann como Kantorowicz, asà que ellos serán nuestros guÃas en el próximo artÃculo que escriba sobre el tema, tan pronto como me sea posible y San Hermenegildo me ilumine.