The Flower Portrait (inicios siglo XIX)
Droeshout Engraving (Primera edición, 1623)
Hay aún otro retrato, supuestamente de Shakespeare, llamado Sanders
Portrait, sobre el que siguen discutiendo los investigadores, pero todos los indicios apuntan a otra falsificación o a una falsa atribución.
Tras haberse descubierto estos errores en el último año, el siguiente retrato en pasar el examen será el célebre Chandos Portrait, imagen universal
del bardo inglés, llamado así por el Duque de Chandos, y atribuido al pintor John Taylor.
Chandos Portrait
Un aspecto sumamente interesante del asunto es que todas las imágenes que conocemos en la actualidad de
Shakespeare apenas carecen de rigor. Algunas de ellas son copias, otras falsificaciones, y otras falsas atribuciones. Incluso, la que todo el mundo da por rigurosa y adecuada, el grabado
realizado por Martin Droeshout para la edición de 1623, tiene muy poca validez científica, pues se trata de una obra póstuma, y el retratista jamás conoció al escritor. Existe la
posibilidad de que trabajase a partir de un grabado anterior realizado en vida de Shakespeare, pero dicho grabado jamás ha aparecido.
Lo que me resulta más interesante, más allá de todo este juego detectivesco por llegar a conocer el rostro de un autor del siglo XVII, es la fascinación que sentimos por las
identidades y las vidas ajenas. A mí no me importa tanto la auténtica imagen que tuvo William Shakespeare o si llegó a escribir él mismo las obras que firmó. Lo que encuentro
excepcional e inmortal es la trascendencia de las palabras de sus obras, las sensaciones que me producen y la grandiosidad de su figura literaria. Nada más.
Ocurre algo parecido con Homero, y con lo que la historiografía clásica y el análisis filológico denominan "La cuestión homérica". Quizás pueda dedicarle algunas palabras a este asunto en
otra ocasión.