La fascinación de una falsificación

Grafton Portrait, retrato anónimo de 1588. National Portrait Gallery.

Grafton Portrait, retrato anónimo de 1588. National Portrait Gallery.
El personaje retratado, que parece mirarnos con cierta indolencia en el cuadro superior, no es William
Shakespeare, como se había pensado hasta ahora. Esa es la conclusión a la que ha llegado un grupo de expertos tras una investigación de nueve meses en la que se realizó un profundo análisis del
lienzo y las circunstancias vitales del escritor.
Las razón aducida para ello ha sido el lujoso ropaje que viste el individuo, ya que el célebre autor inglés malvivía en 1588 ejerciendo como actor en un grupo de teatro ambulante y acababa de ser padre de mellizos, por lo que difícilmente, habría tenido disponibilidad económica para vestir de esa forma.
Se había pensado que el cuadro correspondía a un retrato de Shakespeare por la data del mismo, ya que podemos ver como en la parte superior derecha aparece la fecha de realización del lienzo (1588) y en la superior izquierda las palabras AE SVAE 24, cuya transcripción es "Su edad, 24".
Es cierto que Shakespeare tenía 24 años en 1588, y por esa razón se pensó que el retrato podría ser suyo, pero también tenía en ese año la misma edad Christopher Marlowe, otro de los grandes del teatro isabelino inglés, el primero que puso por escrito la leyenda de Fausto, y algunos especialistas consideran que bien podría tratarse de una imagen de Marlowe.
Aquí podemos contemplar la imagen del misterioso Marlowe, en un cuadro donde aparece su lema: Qvod me nvtrit me destrvit ("Lo que me alimenta, me destruye"). Marlowe fue un personaje muy interesante que tuvo tiempo no sólo para escribir obras de teatro, ya que ejerció como espía al servicio de la reina Isabel. Su muerte fue tan misteriosa como su vida, pues tuvo lugar en 1593, en una reyerta producida en una taberna de mala muerte tras una discusión sobre quién debía hacerse cargo del pago de las bebidas que acababan de tomar. Ese hecho le impidió ingresar en prisión, pues había sido acusado de ateo pocos días antes y estaba siendo buscado. Algunos expertos en literatura isabelina consideran que Marlowe no murió de una cuchillada en aquella taberna, como constó en las actas policiales, y que este acontecimiento se trató de una estratagema ideada para evitar la cárcel, por lo que Marlowe pudo escapar y seguir escribiendo obras de teatro. Esos mismos expertos defienden que tuvo que buscarse una persona que firmara las obras y que le permitiera continuar en el anonimato, y nadie mejor que un oscuro actor necesitado de dinero como William Shakespeare.
La verdad es que uno puede encontrar ciertas similitudes estilísticas entre la obra de Marlowe y la de Shakespeare, lo que podría invitar a pensar en esta teoría. Otro elemento curioso es que la producción literaria de Shakespeare comienza justo después de la muerte de Marlowe, sin haber publicado nada hasta entonces. Y también resulta sorprendente el abrumador conocimiento que tiene alguien de un estrato social medio-bajo como Shakespeare de la cultura clásica grecorromana. Pero también parece obvio que es normal que existan esas similitudes entre autores de la misma época y un contexto ideológico común.
Lo que me interesa resaltar es el misterio existente en torno a la figura de Shakespeare. No es esta la primera ocasión en la que se hace público que un retrato suyo no es tal. Hubo casos similares poco tiempo atrás:
En abril de este mismo año, tras el análisis de los pigmentos utilizados en otro lienzo, se llegó a la conclusión de que su Flower Portrait, retrato anónimo que debe su nombre a Sir Charles Flower, su primer propietario, y que lucía majestuoso en la Royal Shakespeare Company, se había realizado a comienzos del siglo XIX a partir del Droeshout Engraving, grabado que aparecía en la primera edición de su obra.

The Flower Portrait (inicios siglo XIX)
Hay aún otro retrato, supuestamente de Shakespeare, llamado Sanders Portrait, sobre el que siguen discutiendo los investigadores, pero todos los indicios apuntan a otra falsificación o a una falsa atribución.
Tras haberse descubierto estos errores en el último año, el siguiente retrato en pasar el examen será el célebre Chandos Portrait, imagen universal del bardo inglés, llamado así por el Duque de Chandos, y atribuido al pintor John Taylor.

Chandos Portrait
Las razón aducida para ello ha sido el lujoso ropaje que viste el individuo, ya que el célebre autor inglés malvivía en 1588 ejerciendo como actor en un grupo de teatro ambulante y acababa de ser padre de mellizos, por lo que difícilmente, habría tenido disponibilidad económica para vestir de esa forma.
Se había pensado que el cuadro correspondía a un retrato de Shakespeare por la data del mismo, ya que podemos ver como en la parte superior derecha aparece la fecha de realización del lienzo (1588) y en la superior izquierda las palabras AE SVAE 24, cuya transcripción es "Su edad, 24".
Es cierto que Shakespeare tenía 24 años en 1588, y por esa razón se pensó que el retrato podría ser suyo, pero también tenía en ese año la misma edad Christopher Marlowe, otro de los grandes del teatro isabelino inglés, el primero que puso por escrito la leyenda de Fausto, y algunos especialistas consideran que bien podría tratarse de una imagen de Marlowe.
Retrato de Christopher Marlowe en
1585.
Aquí podemos contemplar la imagen del misterioso Marlowe, en un cuadro donde aparece su lema: Qvod me nvtrit me destrvit ("Lo que me alimenta, me destruye"). Marlowe fue un personaje muy interesante que tuvo tiempo no sólo para escribir obras de teatro, ya que ejerció como espía al servicio de la reina Isabel. Su muerte fue tan misteriosa como su vida, pues tuvo lugar en 1593, en una reyerta producida en una taberna de mala muerte tras una discusión sobre quién debía hacerse cargo del pago de las bebidas que acababan de tomar. Ese hecho le impidió ingresar en prisión, pues había sido acusado de ateo pocos días antes y estaba siendo buscado. Algunos expertos en literatura isabelina consideran que Marlowe no murió de una cuchillada en aquella taberna, como constó en las actas policiales, y que este acontecimiento se trató de una estratagema ideada para evitar la cárcel, por lo que Marlowe pudo escapar y seguir escribiendo obras de teatro. Esos mismos expertos defienden que tuvo que buscarse una persona que firmara las obras y que le permitiera continuar en el anonimato, y nadie mejor que un oscuro actor necesitado de dinero como William Shakespeare.
La verdad es que uno puede encontrar ciertas similitudes estilísticas entre la obra de Marlowe y la de Shakespeare, lo que podría invitar a pensar en esta teoría. Otro elemento curioso es que la producción literaria de Shakespeare comienza justo después de la muerte de Marlowe, sin haber publicado nada hasta entonces. Y también resulta sorprendente el abrumador conocimiento que tiene alguien de un estrato social medio-bajo como Shakespeare de la cultura clásica grecorromana. Pero también parece obvio que es normal que existan esas similitudes entre autores de la misma época y un contexto ideológico común.
Lo que me interesa resaltar es el misterio existente en torno a la figura de Shakespeare. No es esta la primera ocasión en la que se hace público que un retrato suyo no es tal. Hubo casos similares poco tiempo atrás:
En abril de este mismo año, tras el análisis de los pigmentos utilizados en otro lienzo, se llegó a la conclusión de que su Flower Portrait, retrato anónimo que debe su nombre a Sir Charles Flower, su primer propietario, y que lucía majestuoso en la Royal Shakespeare Company, se había realizado a comienzos del siglo XIX a partir del Droeshout Engraving, grabado que aparecía en la primera edición de su obra.

The Flower Portrait (inicios siglo XIX)
Droeshout Engraving (Primera edición, 1623)
Hay aún otro retrato, supuestamente de Shakespeare, llamado Sanders Portrait, sobre el que siguen discutiendo los investigadores, pero todos los indicios apuntan a otra falsificación o a una falsa atribución.
Tras haberse descubierto estos errores en el último año, el siguiente retrato en pasar el examen será el célebre Chandos Portrait, imagen universal del bardo inglés, llamado así por el Duque de Chandos, y atribuido al pintor John Taylor.

Chandos Portrait
Un aspecto sumamente interesante del asunto es que todas las imágenes que conocemos en la actualidad de
Shakespeare apenas carecen de rigor. Algunas de ellas son copias, otras falsificaciones, y otras falsas atribuciones. Incluso, la que todo el mundo da por rigurosa y adecuada, el grabado
realizado por Martin Droeshout para la edición de 1623, tiene muy poca validez científica, pues se trata de una obra póstuma, y el retratista jamás conoció al escritor. Existe la
posibilidad de que trabajase a partir de un grabado anterior realizado en vida de Shakespeare, pero dicho grabado jamás ha aparecido.
Lo que me resulta más interesante, más allá de todo este juego detectivesco por llegar a conocer el rostro de un autor del siglo XVII, es la fascinación que sentimos por las identidades y las vidas ajenas. A mí no me importa tanto la auténtica imagen que tuvo William Shakespeare o si llegó a escribir él mismo las obras que firmó. Lo que encuentro excepcional e inmortal es la trascendencia de las palabras de sus obras, las sensaciones que me producen y la grandiosidad de su figura literaria. Nada más.
Ocurre algo parecido con Homero, y con lo que la historiografía clásica y el análisis filológico denominan "La cuestión homérica". Quizás pueda dedicarle algunas palabras a este asunto en otra ocasión.
Lo que me resulta más interesante, más allá de todo este juego detectivesco por llegar a conocer el rostro de un autor del siglo XVII, es la fascinación que sentimos por las identidades y las vidas ajenas. A mí no me importa tanto la auténtica imagen que tuvo William Shakespeare o si llegó a escribir él mismo las obras que firmó. Lo que encuentro excepcional e inmortal es la trascendencia de las palabras de sus obras, las sensaciones que me producen y la grandiosidad de su figura literaria. Nada más.
Ocurre algo parecido con Homero, y con lo que la historiografía clásica y el análisis filológico denominan "La cuestión homérica". Quizás pueda dedicarle algunas palabras a este asunto en otra ocasión.
par Valdis
publié dans :
Art, musique et cinéma



