
Cruz occitana
En respuesta a una pregunta de Zeljko, voy a tratar de comentar las noticias referentes a la muerte del rey Pedro II El Católico, ocurrida el 13 de septiembre de 1213 en la Batalla de Muret.
En primer lugar, no estaría de más aclarar cuál es la razón por la que este rey es conocido como Pere I en el ámbito de la cultura catalana, lo cual da lugar a confusiones bastante frecuentes. Se debe a que el monarca Pedro I El de Huesca (1094-1101), fue rey aragonés pero no gobernó sobre el territorio de los Condados Catalanes, por lo que tras la unión por el matrimonio de Petronila y Ramón Berenguer IV, sus abuelos, el primer rey Pedro no sería otro que el padre de Jaime I El Conquistador (o Jaume I El Conqueridor, como es conocido en los Països Catalans). En cualquier caso, y ya que el Pedro que nos ocupa fue monarca de la Corona Aragonesa, lo llamaremos como es costumbre en el ámbito de la Historia Medieval, Pedro II.
Fue Pedro un rey bastante peculiar. En el año 1204 fue coronado en Roma por el Papa Inocencio III, declarándose vasallo de san Pedro, y en el año 1212 participó en la célebre Batalla de las Navas de Tolosa contra los almohades.
Contrajo matrimonio con María de Montpellier, pero las fuentes señalan que no se mostró especialmente entusiasmado con ella, renunciando a tener relaciones íntimas con su esposa. Así lo cuenta un cronista que narra el engaño al que fue sometido el rey para paliar este asunto: mientras el rey estaba durmiendo en su aposento, esperando a su habitual amante, un cortejo de religiosos, nobles y notarios acompañaron a María a la habitación de Pedro, y mientras ella se deslizaba de manera furtiva en la cama del monarca, haciéndole creer que era su amante, el resto de la comitiva se quedó toda la noche rezando en la puerta. Cuando los primeros rayos de luz del alba comenzaron a entrar en la estancia, el rey se percató del cambio de acompañante, y saltó enojado del lecho dando unos gritos desmesurados. En ese instante, todos los que esperaban fuera entraron, y le hicieron ver al rey que Dios había querido que las cosas fueran de esa forma, lo cual parece que convenció al católico Pedro. Esta pequeña anécdota, en la que se dice fue concebido el futuro Jaime I, muestra claramente la disposición del monarca a yacer con variadas doncellas y a no guardar excesiva fidelidad a su esposa.
Pasemos ahora a la noche previa a la Batalla de Muret.

La Batalla de Muret, Grandes Chroniques de France (c.1460).
Bibliothèque Nationale de France. Ms. fr. 6465, f. 252 vº
Al año siguiente de su victoria en las Navas, el rey tuvo que acudir en ayuda de su cuñado, el conde Raimundo de Tolosa, en virtud del vínculo feudovasallático que lo unía a él. La batalla, que tuvo lugar el 13 de septiembre de 1213, fue un auténtico desastre para las tropas tolosano-aragonesas que se enfrentaban al ejército cruzado liderado por el sangriento Simon de Monfort. Se trataba de una guerra movida por intereses religiosos (una cruzada proclamada por el papa Inocencio III para eliminar la herejía cátara que se había hecho muy poderosa en las comarcas languedocianas), bajo la que subyacían los intereses políticos del monarca francés por conquistar los territorios sureños que pertenecían a la Corona de Aragón.
Hay dos versiones, ambas de cuestionable credibilidad, sobre lo que hizo el rey Pedro en la noche previa a la confrontación. El primero, narrado por Vaux de Cernay, cuenta que Pedro escribió una carta a una misteriosa dama en la que le confesaba que entraba en batalla sólo con el fin de impresionarla para poder obtener sus favores carnales. Esta misiva habría sido interceptada por el prior de Pamiers, quien se la mostró a Simon de Monfort, provocando en éste un sentimiento de reprobación por la indignidad de los motivos del monarca aragonés para luchar. En contra de la fiabilidad de esta versión está el hecho de que podría haberse elaborado para deshonrar la memoria del enemigo de las tropas francesas.
La segunda versión, que es la que ha entrado con mayor éxito en el ámbito de la leyenda, es la que aparece en el Llibre dels feyts, crónica elaborada por un cronista catalán por encargo de Jaime I, el hijo de Pedro, para tratar de buscar justificación a la derrota de tan insigne guerrero, que sólo se explicaría a partir de un estado de debilidad extrema provocado por los excesos cometidos durante toda la noche en los placeres de la bebida y la lujuria, que prácticamente impedirían al católico rey Pedro tenerse en pie por la mañana en el campo de batalla.

La Cansó, Chanson de la Croisade Albigeoise.
Bibliothèque Nationale de France, fonds français nº 25425, § 140
No podemos saber si alguna de las versiones que recogen las fuentes se ajusta a la realidad. Lo que sí sabemos, a partir de la Crónica de Guillaume de Puylaurens, y de La Cansó de Guillaume de Tudèle, es el relato de los acontecimientos en la propia batalla y la muerte del rey Pedro, que fue bastante absurda.
Según parece, en un momento determinado de la lucha cuerpo a cuerpo, un par de señores del ejército cruzado abatió a un caballero que portaba una lujosa armadura con las insignias del monarca. Los señores comenzaron a gritar con gran alegría: "¡¡¡Hemos matado al rey don Pedro!!!". A escasos metros de la escena, se encontraba el propio rey, quien alzándose la celada y mostrando el rostro proclamó: "¡¡¡No, el rey don Pedro soy yo!!!", con lo que cayeron sobre él varios caballeros que lo derribaron de su cabalgadura y le dieron muerte.
En cuanto las tropas aragonesas y catalanas vieron que su rey había muerto, se inició una desbandada general que propició la derrota.
En otra ocasión, si alguien lo estima oportuno, podríamos hablar del asunto de la herejía cátara, maltratado desde diferentes ámbitos y contaminado por múltiples matices.